Percepción de los estudiantes de nivel medio superior sobre la educación superior. Dos ciudades y cinco instituciones

  • Juan Carlos Silas Casillas. Doctor en Políticas Educativas y Liderazgo por la Universidad de Kansas. Profesor-investigador del Departamento de Educación y Valores del Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Occidente. Sus líneas de investigación versan sobre la gestión de la innovación, educación y desarrollo integral del país, educación y marginación, y política educativa.
  • Recibido: 14 de junio de 2011. Aceptado para su publicación: 28 de noviembre de 2011.
  • Cómo citar este artículo: Silas, J. (enero - junio, 2012) Percepción de los estudiantes de nivel medio superior sobre la educación superior. Dos ciudades y cinco instituciones. Sinéctica, 38. Recuperado de http://www.sinectica.iteso.mx/?seccion=articulo&lang=es&id=541_percepcion_de_los_estudiantes_de_nivel_medio_superior_sobre_la_educacion_superior_dos_ciudades_y_cinco_instituciones
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Resumen

Se presentan los resultados de un estudio exploratorio conducido en las ciudades de Monterrey y Zacatecas para conocer la forma en que los estudiantes del último año de educación media superior perciben e interpretan la educación superior. Participaron 329 alumnos de cinco instituciones (dos públicas y tres privadas). Se encontró que los jóvenes tienen una visión pragmática y ligeramente idealizada con relación a los usos y beneficios de la educación superior.

Palabras clave: Expectativas, Media superior, Monterrey, Privada, Pública, Zacatecas

Introducción

La educación superior mexicana ha experimentado un crecimiento acelerado en los últimos veinte años. Esta expansión se debe a múltiples factores que operan de forma sinérgica, por lo que separar alguno sería inapropiado; sin embargo, es evidente que para que se dé un incremento de este nivel se requieren personas que deseen iniciar sus estudios superiores y, fundamentalmente, que cuenten con el certificado de bachillerato que les permita aspirar a ello.

De acuerdo con los datos de la Secretaría de Educación Pública (2010), la matrícula en la educación media superior ha crecido exponencialmente. Ha pasado de tener 1'721 626 alumnos en el año escolar 1990-1991 a 3'556 858 en el ciclo 2008-2009. Esto representa que se ha duplicado en dieciocho años y que se han debido generar cien mil lugares para este nivel cada año. Estos resultados, sin duda, han tenido un fuerte impacto en el nivel educativo siguiente: la educación superior.

La incorporación a la vida universitaria es una experiencia social novedosa tanto para los individuos como para sus familias. En muchos casos, en el México de los siglos XX y XXI, el joven estudiante es el primer integrante de la familia que tiene acceso a la educación superior. De acuerdo con Aisenson (1997), la educación se entiende como el proceso que ha de conducir a la persona al desarrollo máximo de sus potencialidades y que le ha de permitir descubrir los distintos roles a los que tendrá posibilidad de acceder en la sociedad. En este sentido, el ingreso del joven a la educación superior y sus significados se constituyen como un ejercicio familiar y no sólo personal, pues se cree que lograr un nivel educativo superior posibilita al individuo un mayor desarrollo y bienestar personal y familiar. La educación es considerada una inversión; una persona que aumenta su nivel de instrucción favorece el incremento de su productividad y su “valor de mercado”, lo que generalmente determina un aumento en los ingresos futuros.

La decisión de los jóvenes de continuar formándose en la educación superior está condicionada por una serie de variables —socioeconómicas y académicas— consideradas relevantes en las decisiones de invertir en educación. Dentro de las primeras se encuentran: i) los recursos económicos del hogar, un factor determinante sobre la posibilidad del egresado de la educación media superior para continuar estudiando una carrera universitaria; y ii) aquellas definidas por el "entorno familiar", como el nivel de estudios y la situación laboral de los padres, que pueden influir en el deseo de los individuos de proseguir estudios superiores. Entre las variables de carácter académico está la trayectoria curricular seguida en el nivel medio, pues es más probable que el alumno que ha tenido un desempeño superior al del promedio de su cohorte se sienta motivado para continuar estudiando.

Por otro lado, la “vocación” es un aspecto aludido con mucha frecuencia en torno a la incorporación de jóvenes a la educación superior. En su origen etimológico, surge del latín vocatio, vocationis, que significa “llamado”, “invitación”; es decir, la vocación se deriva desde fuera del sujeto, es exterior a él y lo invita a participar de una determinada situación: la elección de una profesión, de un trabajo, de una carrera.

Este trabajo reporta los hallazgos de la aplicación de un cuestionario a jóvenes de entre dieciséis y dieciocho años de edad estudiantes de bachillerato en cinco instituciones (tres privadas y dos públicas) de dos ciudades mexicanas (Monterrey y Zacatecas) y de dos tipos de instituciones (públicas y privadas). Se buscó explorar la forma en que los jóvenes se acercan al tema de la educación superior, es decir, cuáles son sus expectativas con relación a la utilidad de realizar estudios superiores y sus impactos en sus imaginarios de futuro. El estudio buscó retratar la realidad de dos urbes del norte de México a las que el investigador tuvo acceso inmediato y responder las siguientes preguntas: ¿cuál es la forma en que los estudiantes de educación media superior perciben la educación superior?, ¿cuál es la utilidad que le asignan los estudiantes de educación media superior a los estudios superiores?, ¿existen diferencias entre las opiniones de los estudiantes en las ciudades de Monterrey y Zacatecas?, ¿existen diferencias en las percepciones de acuerdo con el tipo de institución (pública/privada) de donde provienen?, si existen, ¿cuáles son estas diferencias?

Marco conceptual

El desarrollo del ser humano se da en diferentes etapas, cada una con su propio grado de complejidad y con elementos que afectan y conforman la percepción del individuo sobre los temas vitales (Rice, 2000). La adolescencia y la juventud son cruciales, pues en ellas el individuo comienza el proceso de toma de decisiones respecto a sí mismo, su proyección de vida y su posición dentro de la sociedad. Es una pieza fundamental del rompecabezas de la integración de la identidad. Los jóvenes estudiantes de educación media superior, desde el comienzo de su formación, reciben información acerca de lo que significan los estudios superiores y las expectativas de quienes los rodean. Esto moldea sus actitudes en lo que concierne a la educación superior. Las actitudes se forman con la experiencia, y a pesar de su relativa estabilidad, pueden ser cambiadas también a través de ella misma. En ellas “está implicado el modo peculiar en cómo el hombre se relaciona con la realidad: conociéndola, apreciándola, marcando el modo de relacionarse con ella, para finalmente intervenir en y sobre ella” (Llopis y Ballester, 2001, p. 115).

Las actitudes en la adolescencia y juventud juegan un papel importante en la forma en que procesan la orientación vocacional que, de acuerdo con Castells y Silber, “debe ayudar a que el adolescente reconozca sus capacidades reales y los rasgos de su personalidad. Aprender a aceptarse a sí mismo, con sus limitaciones y potencialidades” (1998, p. 266). Este asunto cobra relevancia incluso en países desarrollados donde alrededor de la mitad de los titulados universitarios trabajan en campos para los que teóricamente no se han preparado (Salili, Chiu & Hong, 2001). Por ello, si la elección se basa sólo en el futuro laboral se corren dos riesgos: i) acabar la carrera y no encontrar trabajo porque la situación laboral ha cambiado y ii) trabajar en algo para lo que no se tienen aptitudes o no se desea y, por lo tanto, estar insatisfecho en el aspecto personal.

Educación superior

De la misma forma en que la educación en general se considera una herramienta prioritaria para promover el desarrollo del conocimiento y la formación permanente de las sociedades e individuos, la educación superior se ve como un medio estratégico para acrecentar el capital humano y social de la nación. Se considera como un catalizador de la inteligencia individual y colectiva de los países, enriquecedora de la cultura con las aportaciones de las humanidades, las artes, las ciencias y las tecnologías, y factor clave para el incremento de la competitividad y el empleo requeridos en la economía basada en el conocimiento. También es un elemento para impulsar el crecimiento del producto nacional, la cohesión y la justicia social, la consolidación de la democracia y la identidad nacional cimentada en nuestra diversidad cultural, así como para mejorar la distribución del ingreso de la población (Arteaga, 2004).

La educación superior comprende los estudios posteriores a la educación media superior, se imparte en instituciones públicas y privadas, y tiene por objeto la formación en los niveles de técnico superior universitario o profesional asociado, licenciatura, especialidad, maestría y doctorado. Las instituciones de educación superior (IES) realizan una o varias de las actividades siguientes: docencia; investigación científica, humanística y tecnológica; estudios tecnológicos; y extensión, preservación y difusión de la cultura, según la misión y el perfil tipológico de cada una.

El sistema de educación superior (SES) en México está integrado por más de dos mil instituciones públicas y particulares que tienen distintos perfiles tipológicos y misiones. El subsector público presenta: universidades federales, universidades públicas autónomas, universidades politécnicas, universidades interculturales, institutos tecnológicos federales y regionales, universidades tecnológicas, instituciones de investigación y posgrado, escuelas normales y otras instituciones. Por su parte, el subsector privado incluye: universidades, escuelas normales y otras IES. El SES ofrece programas educativos de técnico superior universitario o profesional asociado, licenciatura, especialidad, maestría y doctorado. Algunas de las instituciones que forman el sistema ofrecen programas del tipo medio superior.

Para De Garay (2004), un sistema de educación superior de buena calidad es aquel que está orientado a satisfacer las necesidades del desarrollo social, científico, tecnológico, económico, cultural y humano del país; es promotor de innovaciones y se encuentra abierto al cambio en entornos institucionales caracterizados por la argumentación racional rigurosa, la responsabilidad, la tolerancia, la creatividad y la libertad; cuenta con una cobertura suficiente y una oferta amplia y diversificada que atiende la demanda educativa con equidad, con solidez académica, y eficiencia en la organización y utilización de sus recursos.

Desde finales del siglo XX, las instituciones educativas de nivel superior, tanto públicas como privadas, han incrementado su complejidad y ampliado sus funciones. La universidad, como una institución social encargada de la instrucción y habilitación para el trabajo, tiene por objeto la socialización sistemática ordenada y jerárquica en torno a la generación y transmisión de conocimientos, valores y actitudes que conforman los ethos profesionales. Para lograrlo, las IES generan un sistema académico y un sistema social, cada uno con sus propias características, con una estructura y funcionamiento que se construye a partir de los diversos actores que participan en ellas. El grado de simetría de los dos sistemas varía de una institución a otra; en algunas, es el sistema académico el que llega a dominar el mundo social de la institución, mientras que en otras domina el sistema social, o bien, existe también un equilibrio entre ambos sistemas.

El sistema académico se refiere a todas aquellas características y actividades institucionales que se centran alrededor de los planes y programas de estudio, fundamentalmente en todo aquello que tiene que ver con el proceso de enseñanza-aprendizaje. Desde esta perspectiva, es importante considerar como contexto, tal como proponen Pascarella y Terenzini (1991), las características estructurales de la organización universitaria: el tamaño de la institución, si es pública o privada, el proceso de selección de los estudiantes, la estructura académica (departamental o de facultades y escuelas), la forma de organización de los ciclos escolares (semestres, cuatrimestres o trimestres), la estructura de gobierno de la universidad (con especial interés en los mecanismos de representación y participación de los estudiantes), así como el tipo de contratación de su personal académico (proporción de tiempos completos, medios tiempos y tiempos parciales).

Por su parte, el sistema social de la universidad se centra en los procesos de interacción que se generan entre los mismos estudiantes, entre éstos y los profesores fuera del ámbito de los planes y programas de estudio de las licenciaturas, con la institución en sentido más amplio, al margen del currículo y de la práctica educativa en sentido estricto.

La incorporación a una institución de educación superior supone un proceso que combina dos tipos de integraciones: la institucional, que significa el dominio de las formas de organización, las normas, reglas y elementos culturales, en la que participan los jóvenes universitarios de una determinada institución, y la disciplinar a una rama específica del saber que cultivan los diferentes cuerpos académicos de cada licenciatura. En ambas operan diversos procesos de adquisición de capacidades específicas, lo que se ha denominado la practicidad de las reglas (Coulon, 1995).

El hecho de que un joven egresado del bachillerato se integre exitosamente a una institución de educación superior representa que ha sabido reconocer los códigos y componentes académicos e institucionales. Este reconocimiento y sus acciones consecuentes permiten suponer que irá involucrándose de forma activa en el desarrollo de habilidades laborales específicas de acuerdo con el perfil profesionalizante de la educación superior mexicana.

La expectativa de que quienes estudien una licenciatura podrán insertarse con mayor éxito en el mercado laboral influye en la decisión de seguir estudios superiores en los jóvenes y sus familias. El desajuste entre educación y empleo es un aspecto preocupante que tiende a agravarse, ya que es común que los jóvenes que estudian la licenciatura terminen trabajando en otra cosa por la falta de empleo en el ámbito nacional y la saturación de algunas profesiones. Los universitarios empiezan a tener problemas para encontrar un trabajo conforme a sus características profesionales. Empiezan por conseguir un empleo precario, disminuyen sus ingresos reales y relativos, se deterioran sus posibilidades de promoción laboral y un gran número de ellos se ven obligados a emplearse en trabajos considerados normalmente por debajo de sus capacidades y expectativas (Salgado, 2005). Los estudiantes comienzan a poner en duda no sólo el valor adicional de la prolongación de sus estudios, sino también el carácter de inversión que éstos parecían tener. En consecuencia, la mayor parte de los universitarios parecen aceptar una ruptura entre el nivel de educación y el acceso a niveles superiores de empleo; visualizan los gastos de la educación como una forma de consumo más que una inversión (Salgado, 2005). Esta situación, sin embargo, no parece tener efectos en la matrícula de educación superior, pues es evidente que se ha incrementado de modo sustancial en las últimas dos décadas.

Independientemente del nivel escolar que se tenga, se han señalado varias modalidades para la transición profesional/laboral. Casal (1997) define seis posibles formas que sigue un joven en su transición laboral.

  • Trayectorias en éxito precoz. Los jóvenes tienen grandes expectativas de éxito en el mercado laboral. Esta trayectoria sugiere itinerarios de formación en éxito y sin rupturas y un tránsito positivo a la vida activa. El desarrollo de una formación superior no es un requisito indispensable; éste puede darse también con estudios generales o profesionales de grado medio. Esto se observó en México en las décadas de 1970 y 1980, cuándo los jóvenes, en especial con estudios superiores, accedían rápidamente a mejores puestos de trabajo.
  • Trayectorias obreras. Esta modalidad la componen jóvenes orientados hacia la cultura del trabajo manual poco calificado. Presuponen la definición de un horizonte social limitado y una profesionalización que se da preferentemente en función de las ofertas de trabajo existentes y no de acuerdo con las opciones personales de elección profesional. La escasa calificación básica y profesional determina los límites en la carrera, lo que hace que tales trayectorias sean en particular vulnerables respecto a los cambios en el mercado del trabajo y la evolución de las empresas. Implica un tránsito expedito de la escuela a la vida activa y por lo general un proceso de emancipación familiar muy precoz.
  • Trayectorias de adscripción familiar. Este tipo de trayectorias se da a partir de empresas de carácter familiar en la pequeña industria (talleres), comercio al detalle, venta ambulante y talleres de reparación y servicio. La herencia patrimonial hacia el hijo mayor es una de las principales claves de esta transición. Presupone una definición del horizonte de clase en función de la familia, escasa vinculación con la formación postobligatoria y un “tránsito-escuela-vida activa” precoz y ligado a la economía familiar.
  • Trayectorias de aproximación sucesiva. Es una modalidad definida por altas expectativas de mejora social y profesional (carreras profesionales principalmente). Esta forma de transición presupone escolarización prolongada, experiencias laborales previas a la inserción, variabilidad y fracasos parciales en el tránsito escuela-vida activa, precariedad y subocupación, mercado secundario, entre otros.
  • Trayectorias de precariedad. Está definida por un itinerario de resultados escasamente positivos y constructivos respecto al mercado de trabajo: situaciones de desempleo intermitente, fuerte rotación laboral y subocupación son tres características dominantes. Se trata de una situación de retraso en la transición de jóvenes con expectativas de posición altas, medianas o bajas, pero que a su paso por el mercado de trabajo esta caracterizado por la ausencia de estabilidad y continuidad laboral.
  • Trayectorias de bloqueo o en desestructuración. Se caracteriza por expectativas de posicionamiento social bajas y trayectorias de formación escolar, en general cortas, erráticas o con certificación negativas. Hay que aclarar que no todo proceso escolar básico está determinado hacia este tipo de trayectoria. La especificidad de esta trayectoria es el bloqueo sistemático a la inserción laboral. Existe desempleo crónico y entradas circunstanciales en el mercado laboral secundario; la mayor parte de estas actividades se desarrolla en la economía informal.

De acuerdo con Casal (1997), es evidente que los jóvenes, a pesar de tener muchos elementos en común, tienen diferentes maneras de enfocar su incorporación a la formación superior y al mercado laboral. Estas distintas interpretaciones influyen en su trayectoria académica.

Factores que influyen en la elección de una carrera profesional

La elección de una profesión es una de las decisiones más importantes que un joven bachiller tiene que tomar. En esta etapa de su vida formativa, los estudiantes de educación media superior se abocan a revisar múltiples fuentes de información y a valorar los elementos que los lleven a formular su decisión. La influencia de los padres, compañeros, profesionales de la educación, la cultura, roles de género, habilidades, aptitudes, intereses personales, oportunidades de trabajo, remuneración, nivel socioeconómico, prestigio, raza, pueden actuar en la toma de decisión de una carrera profesional (Rice, 2000). De modo coloquial se ha dicho que los alumnos deciden acerca de su futuro académico de la misma manera en que se conduce un automóvil, es decir, se ve hacia delante, pero con cierta frecuencia se observa el espejo retrovisor y se tiene atención en lo que sucede a los lados.

Según Rice (2000), todas las personas necesitan satisfacer necesidades de reconocimiento, aceptación, aprobación, amor e independencia y una forma de conseguirlo es asumiendo una identidad vocacional, convirtiéndose en “alguien” a quien los demás puedan reconocer y conceder satisfacción emocional e identificándose con una vocación en particular. Las aspiraciones vocacionales altas son a la vez una consecuencia de una alta autoestima y un factor que contribuye a una autoimagen superior (Salili, Chiu & Hong, 2001). Buscar una profesión se convierte en un medio para demostrar que son mayores, independientes económicamente, emancipados de los padres y capaces de ganarse la vida. Para ellos, ir a trabajar supone un medio para entrar en el mundo adulto y, por tanto, es frecuente que los jóvenes tienden a precipitarse en su decisión al elegir con desconocimiento de las propias posibilidades y con escasa información profesional. Esta decisión puede verse motivada, además, por la invitación a ganar un dinero fácil mediante empleos lucrativos (Castillo, 1989).

Es evidente que tomar una decisión vocacional es un proceso evolutivo que implica una serie de “subdecisiones” que configuran una elección vocacional. Cada subdecisión es importante porque limita la libertad de elección posterior del individuo y la capacidad para alcanzar su meta original; por ejemplo, la decisión de no continuar en la educación superior tras concluir la media superior ocasiona que con el paso del tiempo sea más difícil decidir retomar los estudios e ir a la universidad.

Dentro de las influencias más palpables en la decisión de continuar la formación superior y el imaginario acerca de la utilidad de estos estudios se puede señalar a la familia, los amigos, el grupo social, la escuela y los medios de comunicación. Los padres influyen en la elección de la profesión de sus hijos en varias formas. En algunas ocasiones, imponen a sus hijos una opción laboral o profesional porque, a su juicio, es la mejor. Consideran que como aún no están capacitados para elegir acertadamente deben hacerlo ellos en su lugar. Esta influencia puede ir desde el hecho de poner trabas hasta la oposición abierta a lo que el hijo desea (Castillo, 1989). Una forma de influir es mediante la herencia directa: si un hijo o una hija hereda el negocio de los padres parece más fácil y sensato continuar el negocio familiar que empezar por su cuenta. De igual modo, los padres también ejercen su influencia proporcionando la preparación necesaria. Otros familiares son influyentes, pero se ha señalado que tienen una función más de catalizador de influencias paternas.

Las amistades, ya importantes en la niñez, se tornan aún más durante la adolescencia temprana. Las relaciones con los pares son vitales para la transición desde la infancia hasta la adultez. La intimidad y la confianza no se reemplazan con facilidad. La mayoría de las relaciones amistosas de los adolescentes son bastantes durables y tienden a ser más estables que las relaciones de la niñez. Los amigos se eligen uno a otro; los adolescentes se asocian con quienes comparten valores e intereses, en particular con relación a conductas pro o antisociales y el compromiso en la escuela. Los amigos ayudan a que el joven resuelva las demandas conflictivas de la escuela y son una influencia notable en la elección de continuar o no en la formación académica y, en especial, en la manera que toma esta continuación.

Rice (2000) reporta la influencia del grupo social señalando que la mayoría de los jóvenes pertenecientes a grupos afluentes de la sociedad y con padres empresarios se enfocaban al área de arte o humanidades, ya que tenían la posibilidad económica de probar diferentes opciones. En cambio, los hijos de padres pertenecientes a clases media o baja se inclinaban a una carrera que les permitiera asegurar su futuro. Es evidente que existen estructuras socioambientales, que surgen del contexto del cual procede el joven, que intervienen en su elección profesional.

Los medios de comunicación social van a influir en el joven al transmitirle una serie de patrones culturales, como son la valoración del poder, del prestigio, del ocio, del placer, del consumo, entre otros, lo que le creae graves contradicciones al topar con la realidad laboral, que es otra muy distinta y a través de la que no le será posible acceder al mundo que la sociedad valora (Rice, 2000).

En resumen, los jóvenes que cursan la educación media superior se encuentran en una encrucijada en la que deben decidir su futuro académico. Las expectativas de sus familias, sus maestros, coetáneos y la cantidad y calidad de la información que manejen serán cruciales para normar su criterio de decisión. Por ello, en un entorno de racionalidad limitada es importante conocer el imaginario que se forman y con ello poder alimentar el cuerpo de conocimiento existente.

Metodología

Este estudio buscó, desde un enfoque cuantitativo, explorar las actitudes y aspiraciones de los estudiantes. Se basó en la aplicación de un cuestionario a los estudiantes del último año de cinco instituciones de educación media superior. Tres de ellas ubicadas en la zona metropolitana de Monterrey y dos, en la zona metropolitana de Zacatecas. Dos de las tres instituciones en Monterrey son privadas, orientadas a los grupos sociales medio-alto y alto, mientras que la otra es pública y ofrece su servicio a grupos sociales con ingresos medio-bajos. De las instituciones en Zacatecas, una es pública y está centrada en servir a grupos medio-bajos y bajos y una privada, orientada al público medio y medio-alto. El total fue de 329 estudiantes.

La población se eligió a través de un muestreo no probabilístico que buscaba obtener al menos 60 alumnos por institución que cursaran el último año de preparatoria.

El instrumento constó de 12 preguntas de opción múltiple referidas al tema, así como preguntas de identificación, como edad, sexo, y ocupación y escolaridad de los padres. En lo que respecta a las preguntas enfocadas al tema central del proyecto, se indagó si los jóvenes tienen alguna otra ocupación además de los estudios, si ésta es remunerada, la forma en que creen que la educación superior tiene impacto en una persona (como abstracción), en su persona como caso real, si piensan estudiar algún programa de licenciatura, las razones para hacerlo, quiénes han influido en su decisión y sus expectativas generales sobre la educación superior y su vida futura y su imaginario en lo concerniente a dónde y cómo estarán en el futuro mediato (diez años). Este instrumento fue respondido por los alumnos de manera voluntaria dentro de los planteles señalados en un lapso que fluctuaba entre los diez y doce minutos.

El tabulado y proceso de información se llevó a cabo usando software de uso comercial (Excel) y se realizaron tres agrupaciones a fin de explorar diferencias y similitudes. La primera agrupación fue la suma del total de estudiantes e instituciones, la cual se reporta en la primera sección de los resultados. La segunda agrupación fue por ciudad, en la que se agrupan los alumnos de Monterrey (tres instituciones) y zacatecas (dos instituciones). La tercera agrupación es por tipo de institución, ya sea pública o privada.

Resultados

La gran mayoría de los alumnos encuestados forman parte de lo que se pudiera llamar el alumno “esperado” de la educación media superior en términos de edad. La suma de los jóvenes de todas las instituciones muestra que la mayor parte tiene entre dieciséis y dieciocho años cumplidos.

Por sexo, 51% fueron hombres, mientras que 49%, mujeres. Además, se puede señalar que no se encontró mayor variación de respuestas de acuerdo con el género de los respondientes.

Los temas abordados incluyen si tienen alguna otra ocupación aparte de los estudios, si ésta es remunerada, cuál es la forma en que los alumnos de bachillerato creen que la educación superior tiene impacto en una persona, en su persona, si piensan estudiar algún programa de licenciatura, las razones para hacerlo, quiénes han influido en su decisión y sus expectativas generales con relación a la educación superior y su vida futura.

Acerca del tema de una ocupación u otra actividad además de la escuela, los resultados indican que 29% tienen algún tipo de actividad aparte de la escuela. Al cuestionarlos si esta actividad es remunerada o no, los resultados obtenidos fueron que uno de cada diez estudiantes participantes trabaja. Entre las razones expuestas por los estudiantes para tener una actividad adicional remunerada, se tiene que 40% de la población encuestada considera que la realización personal es el motivo más importante por el cual tienen un trabajo. Las opciones de tener un ingreso adicional y ayudar a la familia obtuvieron 16% cada una; adquirir experiencia laboral reportó 11%; y 8% opinan que trabajan para construir relaciones.

A la pregunta ¿dónde te imaginas que estarás dentro de diez años?, los encuestados respondieron desde las perspectivas laboral, familiar y social: 27% se imaginan que estarán trabajando en algo que les guste; 16% se ven casados con familia y ejerciendo su carrera, mientras que 6% dicen estar viviendo en el extranjero o viajando; 8% aún no saben dónde estarán.

Estas respuestas, agrupadas por tipo de actividad, ponen de manifiesto que los jóvenes tienen el trabajo y la conformación de un hogar entre sus prioridades (al menos en el imaginario).

Respecto a la importancia que los jóvenes atribuyen a estudiar una carrera profesional, 94% de la población considera que sí es importante, mientras que 6% restante dice preferir trabajar en lugar de seguir estudiando, darse un pequeño descanso o enfocarse en otros intereses personales. Las razones expuestas son: 37% opinan que estudiar una carrera es importante para mejorar la calidad de vida; 27%, que sirve para tener mayor preparación profesional; y 25%, para ampliar oportunidades de trabajo.

En una vertiente muy parecida, se le pidió a los jóvenes que describieran cuáles creen que serían los beneficios que cualquier persona podría tener al estudiar una licenciatura. Las respuestas son muy parecidas a la perspectiva personal, pues 28% dicen que sería lograr un buen trabajo; 24%, tener mayor preparación; 21%, mayor conocimiento y manejar más información; 13%, conocer más gente; y 11%, que sería para hacer contactos.

Ante la pregunta de si pensaban estudiar una carrera profesional aunque no fuera inmediatamente, 98% de los estudiantes aseguran que sí y 2% restante, que se quedarán con los estudios de bachillerato y se dedicarán a otras actividades. En el mismo orden de ideas, al preguntar a los encuestados sobre lo que harían al terminar la preparatoria, se encontró que 86% piensan estudiar una carrera profesional inmediatamente, mientras que el resto piensan vivir en otro país, poner un negocio propio o trabajar.

Los jóvenes encuestados muestran intereses muy variados, lo que fue evidente cuando nombraron el programa de licenciatura que les atrae. El mayor interés entre los estudiantes es la ingeniería, que representa 19% del total. Desglosando las ramas de la ingeniería, aparecen en orden de preferencia: Ingeniería Mecánica e Industrial (7%), Ingeniería Civil e Ingeniería en Computación y Sistemas (4% cada una), Ingeniería Química-Industrial con 3% y por último Ingeniería Eléctrica y Electrónica, con 1%. En segundo lugar de preferencia al momento de la elección de una carrera hay un empate entre Medicina y Administración de Empresas, con 9% cada una. En tercer lugar, con 8%, está Diseño. Vale la pena mencionar que en esta opción se incluyeron todas las ramas relacionadas, como el diseño gráfico, industrial, de modas, entre otros. Después de estas respuestas, aquellas que se mencionaron con mayor frecuencia y todas con porcentaje alrededor de 5% fueron: Arquitectura, Educación, Derecho, Mercadotecnia, Ciencias de la Comunicación, Contaduría y Turismo.

Los programas que tuvieron mínima mención fueron: Matemáticas, Economía, Artes Plásticas, Odontología, Enfermería y Ciencias del Mar. Es interesante ver que 41 alumnos no saben qué programa estudiarán, lo que representa 12% de la población encuestada.

Las razones aducidas por los estudiantes para elegir ese programa estuvieron, en su gran mayoría, basadas en “su gusto”: 61% contestaron que la carrera que quieren estudiar al terminar la preparatoria la eligieron con base en sus gustos y preferencias personales; 8%, que les gusta el trabajo que harían en un futuro; y 21% aún desconocen la razón de por qué eligieron dicha carrera o no contestaron.

Con relación a quiénes son las personas que más influyeron en su decisión, la respuesta que más abundó, con 35%, fue la de “otro(a)” y, al momento de especificar, mencionaron con mayor frecuencia que era por decisión propia a partir de la publicidad en los medios, así como vocación y preferencias personales. En segundo lugar se señaló a los padres, con 28%, y como tercero al orientador vocacional, con 17%. La tabla 6 muestra el concentrado.

En lo que concierne al tipo de institución en la que piensan continuar sus estudios, un poco más de la mitad (51%) se inclinan a una educación pública, mientras que 49%, a una educación privada. Lo interesante reside en las razones que exponen para la elección de un tipo de institución sobre otro, ya que 43% de los alumnos, independientemente de la institución seleccionada (pública o privada), señalan que la prefieren por su “calidad educativa”. Como segunda opción marcan que era por su “prestigio”, con 19%. Las otras dos opciones (puedo pagarla y razones económicas) adquieren un porcentaje similar, entre 14 y 17%.

La pregunta que explora el significado que los jóvenes asignan a estudiar una carrera profesional evidenció que 30% de los estudiantes creen que el principal beneficio de estudiar una carrera profesional es obtener un “buen trabajo”. Como segundo (con 21%), los alumnos de bachillerato creen que la carrera les proporcionaría “independencia”. Por último y no menos importante, las respuestas de “tendré un negocio propio”, “buenas relaciones sociales” y “buenas relaciones empresariales” obtuvieron porcentajes menores, pero muy parejos, entre 15 y 16% cada una, lo que hace pensar que los estudiantes encuestados asignan una parte de valor relacional a los estudios superiores, aunque es evidente que le otorgan un valor laboral mucho mayor.

Diferencias entre ciudades y tipos de institución

Una vez que se ha explorado el grupo de jóvenes como un todo, se analizan las opiniones de acuerdo con cuatro agrupamientos: por ciudad (Zacatecas y Monterrey) y por tipo de institución a la que asisten (pública o privada). No se realizó el estudio cruzando la localidad con el tipo de institución porque prácticamente se trataría de resultados institucionales que no concuerdan con la intención de este trabajo. Por otro lado, se abordan en este apartado los resultados (diferencias o similitudes) más significativos con la intención de no repetir lo que se aportó en general en el apartado anterior.

Los alumnos de la ciudad de Zacatecas dijeron que sí tenían alguna actividad adicional remunerada en una mayor proporción (12.2%) que sus contrapartes en Monterrey (8.7%). Respecto al tipo de institución, 10.7% de los alumnos de instituciones privadas afirmaron que tenían un trabajo remunerado, mientras que 9.9% de los alumnos de preparatorias públicas lo señalaron.

En las razones de trabajar, la opción más favorecida fue la de “realización personal” en todos los grupos segmentados. La única diferencia notoria se da cuando 26.3% de los estudiantes regiomontanos, en una proporción muy superior a los otros grupos, señalaron como segunda opción que trabajaban para ayudar a la familia. En ambas ciudades y tipos de instituciones hubo un pequeño segmento de la población que mencionó que trabajaba para establecer relaciones, el cual varió de 3% marcado por los alumnos de preparatorias públicas hasta 10% de los alumnos zacatecanos en general.

Respecto a cómo se imaginan que estarán en diez años, los alumnos de instituciones públicas y en general de Monterrey fueron más enfáticos al señalar que estarán trabajando (69.1 y 64.2%, respectivamente), mientras que sus contrapartes de Zacatecas y de instituciones privadas lo mencionaron en 41.7 y 40.1%, respectivamente. Otras respuestas mayoritarias fueron dadas por los alumnos de Zacatecas y de instituciones privadas cuando un tercio de ellos dijeron que estarán fuera de la ciudad. Un dato interesante es que 38.2% de los estudiantes regiomontanos y 33.3% de los de bachilleratos privados hicieron mención explícita de que en diez años estarán casados y con familia.

En el tema de la importancia de estudiar, la mayoría de los alumnos opinaron que es importante; sin embargo, existen matices entre los grupos. Casi la totalidad de los alumnos zacatecanos (99.4%) respondieron afirmativamente frente a 89.6% de los regiomontanos. Las diferencias entre tipo de institución no fueron tan marcadas, pues 97.4% de los alumnos de instituciones públicas respondieron de modo afirmativo frente a 91.5% de los de bachilleratos privados.

La razón de por qué es importante estudiar fue: “porque mejora la calidad de vida”. Esta opción fue elegida por 41.5% de los zacatecanos, 32.2% de los regiomontanos, 42% de los alumnos de instituciones públicas y 32.7% de los que asisten a bachilleratos privados.

Entre los beneficios de que una persona estudie una licenciatura, la opción más favorecida por los alumnos de todos los grupos fue la de “obtener un buen trabajo”: 31.2% de los zacatecanos, 25.3% de los regiomontanos, 27.2% de los alumnos de instituciones públicas y 28.1% de los de privadas así lo refirieron. “Obtener más preparación” fue la segunda opción más elegida por los alumnos en proporciones que variaron entre 29.6% de los alumnos zacatecanos y 20.8% de los regiomontanos (23.8% de los alumnos de públicas y 24.9% de las privadas). Un dato relevante es que 17.7% de los alumnos regiomontanos y 11.4% de los de instituciones privadas señalaron que un beneficio es que sirve para “hacer contactos”, mientras que en los otros grupos no fue significativa.

Cuando se les preguntó, en terrenos concretos de su expectativa personal, qué cambios en su vida creen que les traería estudiar una licenciatura, un poco menos de un tercio de los estudiantes respondieron que un buen trabajo (29.8% de los zacatecanos, 29.9% de los regiomontanos, 33.3% de los alumnos de institución pública y 28% de los de institución privada). La segunda opción, marcada por los cuatro grupos de estudiantes, fue la de ser independiente en proporciones que varían entre 24.4% de los zacatecanos y 19% de los regiomontanos.

La elección de carrera parece que es un tema que implica mucha dispersión de opiniones y de racionalidades. La tabla 8 ilustra los programas de licenciatura nombrados por los estudiantes; en ella es evidente que conviven algunas de las ingenierías con artes y algunas carreras “tradicionales” o “de moda”.

Los alumnos encuestados no tienen claridad acerca de las razones de su elección de carrera. La gran mayoría en todos los grupos señaló que la eligió “porque le gusta” y otras proporciones menores establecieron que no saben las razones o no respondieron a esa pregunta.

En cuanto a los actores o factores que influyen en su decisión vocacional, resulta interesante que los alumnos zacatecanos en general y los de instituciones públicas señalaron mayoritariamente que fueron ellos mismos quienes decidieron con base en información disponible, frente a los regiomontanos y los pertenecientes a instituciones privadas, quienes afirmaron que, en primer lugar, recibieron la influencia de sus familiares (en especial los padres), en segundo, el apoyo de un orientador, y en tercero, decidieron a partir de la información disponible. La tabla 9 muestra lo anterior.

En el tema del tipo de institución que elegirían, los alumnos de instituciones públicas mencionaron que buscarían inscribirse en una pública (74.3%) y los de instituciones privadas, que lo harían en una privada (70.1%), lo que es comprensible y esperable. En el caso de los estudiantes agrupados por ciudades, el balance en Zacatecas es de 61% hacia las instituciones públicas y 38% hacia privadas, mientras que en Monterrey es de 58% hacia privadas y 42% hacia públicas. Sin embargo, en el caso regiomontano habría que tomar el dato con precaución, pues dos tercios de los alumnos encuestados cursan sus estudios en instituciones privadas. De la misma forma que en el tanteo global, los alumnos señalaron que eligen este tipo de institución porque la perciben como de una mayor calidad.

Conclusiones

En general, se puede decir que los jóvenes tienen una visión un tanto idealizada de los estudios universitarios y le atribuyen cierto carácter de vía automática hacia un empleo satisfactorio y una mejor calidad de vida. Los jóvenes consideran importante estudiar una carrera profesional para obtener una mejor preparación para su futuro personal y laboral; parecen estar imbuidos en la creencia de que los estudios superiores son una buena inversión que les permitirán aumentar su nivel de instrucción, su productividad y, por ende, un aumento en los ingresos futuros. Esto, en conjunción con sus deseos de trabajar e integrar una familia reportados en su imagen del futuro mediato, redondea la perspectiva de que estudiar les permitirá formar un hogar y obtener un trabajo bien remunerado y estable.

Los datos desagregados muestran que los alumnos de las preparatorias públicas contestaron de acuerdo con una lógica que se podría llamar “más práctica o realista”, ya que sus respuestas se dirigieron más a conseguir un trabajo e ingresar al mercado laboral para obtener algún tipo de remuneración económica. Por su parte, los alumnos de las instituciones privadas se inclinaron parcialmente a hacer otras actividades antes de comenzar sus estudios superiores.

Los jóvenes tanto de las escuelas públicas como privadas y en ambas ciudades refieren cierto nivel de autonomía en su decisión vocacional, la cual parece ser matizada con las opiniones de sus padres y los orientadores vocacionales.

Por otra parte, se puede advertir que existen diferencias de opinión entre jóvenes participantes en el estudio de las ciudades de Monterrey y Zacatecas. La primera es que los jóvenes encuestados en Monterrey respondieron que estudiarían en una institución del mismo tipo (público o privado) del establecimiento escolar donde están estudiando en una proporción mayor que sus contrapartes de Zacatecas. Otra diferencia marcada fue que los alumnos regiomontanos señalaron en una proporción mayor que al terminar el bachillerato se tomarían un tiempo para viajar o hacer otras cosas y no entrar directamente a la universidad.

Acerca de la visión que tienen de ellos en diez años, los alumnos de Zacatecas, a diferencia de los de Monterrey, tuvieron las proporciones más altas en las opciones de estar trabajando y viajando, mientras que los regiomontanos mencionaron más fuertemente estar casado y ejerciendo.

Sin embargo, a pesar de las esperables diferencias por el tipo institucional o la ciudad de residencia, es evidente que son jóvenes que comparten una visión de la sociedad actual, del mercado laboral y que no están ajenos a la valoración constante de sus capacidades y su cotejo con las posibilidades de lograr lo que ellos llaman una mejor calidad de vida.

La gran mayoría de los jóvenes encuestados parecen orientarse hacia la trayectoria que Casal (1997) llamó de “aproximación sucesiva”, pues es evidente que tienen altas expectativas de mejora social a través de la vía profesional. Son conscientes de que para ello deberán invertir tiempo y esfuerzo en una escolarización prolongada que incluya paralelamente experiencias previas a la inserción laboral. Algunos alumnos parecen situarse en la trayectoria “de adscripción familiar”, al mencionar que, tras el bachillerato, se dedicarán a algún negocio familiar o trabajar con la mira puesta en la contribución económica a la familia. Esto hace suponer que están definiendo su horizonte socioeconómico en función de la familia, muestran escaso interés por ir más allá en la formación postobligatoria y suponen un “tránsito-escuela-vida activa” precoz y vinculado a la economía familiar.

Los jóvenes de ambas ciudades y tipos de institución creen que estudiar una carrera profesional les permitirá obtener mayor “independencia” y un “buen trabajo”, aspectos relevantes en la juventud occidental actualmente.

En síntesis, se puede afirmar que los jóvenes de ambas ciudades y tipos de instituciones han construido una imagen utilitarista de los estudios superiores. Muestran certeza en que estudiar una licenciatura les proveerá de los elementos suficientes para enfrentar el mercado laboral de manera exitosa y con los contactos suficientes para “moverse” en las redes sociales. Aunque no se puede asegurar que sea una visión idealista o desconectada de la realidad, sí se puede afirmar que es necesario que se matice, pues la formación superior es más que “habilitación laboral”, implica también una serie de competencias sociales, intelectuales y de convivencia en comunidad que van más allá del desempeño profesional. El tema de las competencias extraprofesionales o extravocacionales deberá seguirse explorando en estudios ulteriores.

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